22 dic. 2016

Un regreso, un abrazo y una despedida

Crónica

El Deportivo se clasificó anoche para octavos de final de la Copa del Rey tras remontar la eliminatoria ante el Betis de Víctor Sánchez del Amo, que volvía a Riazor seis meses después. Babel lideró al equipo y jugó su último partido como blanquiazul.
Vía R.C. Deportivo de la Coruña

El fútbol son dinámicas. Buenas o malas. A veces son cortas, otras largas. Pero la del Deportivo ahora mismo es otro rollo. La ola perfecta. El estado anímico con la alegría por bandera. Y con la tercera victoria consecutiva en Riazor para cerrar el año 2016. Casi nada.

Y eso que el escenario se presentaba complicado. Tras perder en la ida por 1-0 en el Benito Villamarín, el Depor debía remontar la eliminatoria conocedor del regreso del que hasta hace medio año era el técnico herculino: Víctor Sánchez del Amo. A Garitano poco le importó, y apostó por un once plagado de novedades en el que sólo Sidnei, Juanfran, Guilherme y Babel repetían titularidad. Y como impulsado por esa ola en la que se eleva el conjunto coruñés, comenzó a gestarse una remontada que se coció a fuego lento. Comandados por el holandés y por un hipermotivado Luisinho, la banda izquierda se convirtió en un auténtico puñal de doble filo por el que el Betis se desangraba poco a poco. Tras una falta a Luisinho, Fayçal Fajr puso el balón en el área para que Arribas, cual delantero, introdujese la pelota en la meta defendida por el gallego Dani Giménez. Y por si había dudas de que este vestuario no es una piña, el abrazo entre Arribas y Luisinho zanjó cualquier tipo de dudas.

Con el empate de la eliminatoria, el Betis se vino arriba. Pero a pesar de tener todo a favor, tanto la falta de puntería como un acertadísimo Rubén Martínez evitaron las tablas antes del descanso. Algo que le vino de lujo al Depor y que acabó siendo, a la postre, determinante para el conjunto bético. Y es que los de Víctor tardaron tanto en dar muestras de vida que los locales acabaron sentenciando en un abrir y cerrar de ojos. Primero con el factor más inesperado de todos: el obús de Luisinho. El luso aprovechó un despeje en una falta botada de nuevo por Fajr para emular el golazo de Silvio de hace unos años y firmar la sentencia del partido. 

Y si ya de por sí la noche estaba servida con los goles de Arribas y Luisinho ante un equipo de Víctor, faltaba la guinda. El gol con forma de carta de despedida, la imagen para el recuerdo. El último servicio de Ryan Babel ante un Riazor rendido a sus pies. Y no faltó. Tras un centro de Juanfran, el holandés puso el tercero en el marcador después de zafarse de su par. Ni siquiera el gol de Piccini pareció inmutar a los coruñeses, que se mostraban fiables. Regios. Y más después de fallar Joselu el penalti que hubiese supuesto el 4-1 y el cierre de la eliminatoria. Le dió tiempo a Rubén Castro para probar a su tocayo a falta de cinco minutos, pero el meta de Coristanco se encargó de decirle al canario «por aquí no». 

A octavos de final. Remontando. Sin importar los regresos ni las despedidas, abrazados por un mismo objetivo. Esa sensación transmite el conjunto coruñés. Los de Garitano no piden el parón, se lo marca el calendario. Y a buen seguro que estarían encantados de continuar. Porque el Depor sigue en la ola. Y no sólo en Liga, también en Copa. 

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